Tras un vuelo que cruza varios husos horarios, tu reloj marca la hora local pero el cuerpo aún sigue en parte el ritmo de origen. Cansancio, sueño a destiempo o falta de concentración pueden afectar a los primeros días. Algunas costumbres ayudan a llevar mejor la transición, aunque no hacen desaparecer el jet lag de golpe.
Antes de salir: protege tu descanso
Si tu agenda lo permite, acerca poco a poco tus horarios de sueño a los del destino. Sobre todo, intenta no empezar el viaje ya agotado. Para una estancia muy breve puede resultar más cómodo mantener parte de tu horario habitual. La adaptación depende de la duración del viaje y de la dirección del vuelo.
Durante el vuelo: piensa en la hora de llegada
Ajusta el reloj a la hora local y organiza comida, descanso y luz según el momento en que aterrizarás. Bebe según tus necesidades y evita el exceso de alcohol. Un antifaz y unos tapones pueden ayudarte a descansar si la cabina sigue iluminada.
Al llegar: busca la luz del día
La luz ayuda a ajustar el reloj biológico. Sal al exterior e intenta seguir poco a poco los horarios locales. Si necesitas dormir un rato, una siesta breve puede facilitar el sueño por la noche. El mejor momento para exponerte a la luz depende de la dirección del viaje y de la hora de llegada.
Deja margen en el programa
Si es posible, evita una actividad exigente justo después de un vuelo largo. Reserva tiempo para descansar, comer a horas regulares y encontrar el nuevo ritmo. Si tienes dudas sobre melatonina, somníferos o alguna situación médica particular, consulta con un profesional sanitario antes de viajar.
Para ampliar la información, lee la guía del CDC sobre el jet lag.


